Me lo has pedido muchas veces y yo te he dicho siempre que no. Me habría gustado regalártelo para tu cumpleaños, para Navidad, para una fiesta cualquiera. Nunca para pedirte perdón. Pero si tuviera que servir, si no bastara, si tuviera que escribir aún mil y mil y mil más, lo haría también porque no puedo vivir sin ti.» Y Gin sigue leyendo: «He aquí lo que quería: mi poema.» Sonríe y lee, lee. Resbala entre las palabras, llora, sorbe por la nariz y se ríe otra vez. Se levanta y continúa. Nuestros momentos, nuestra pasión, el viaje, la emoción. Y sigue sonriendo, sorbiendo aún por la nariz, secándose los ojos, destiñendo alguna palabra mía con alguna que otra lágrima que se le ha escapado de la mano. (...) «Quiero que levites, quiero que cantes con fervor... Ten una felicidad delirante al menos no la rechaces. Ya sé que te suena cursi, pero el amor es pasión, obsesión, alguien sin el cual no vives. Yo te digo: lánzate de cabeza, encuentra alguien a quien amar con locura y que te ame de la misma forma. ¿Cómo encontrarlo? Olvídate del cerebro y escucha tu corazón. Yo no oigo tu corazón. Porque la verdad, tesoro, es que no tiene sentido vivir si no se tiene esto. Hacer el viaje y no enamorars profundamente equivale a no vivir. Pero tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no vivirás nunca...Te esperaré. Y esperaré. Y esperaré aún más. Para verte, para tenerte, para sentirme otra vez feliz. Feliz como un cielo en el ocaso.» Fragmento del libro "Tengo Ganas de Ti" Federico Moccia
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